ACUERDO REGIONAL DE COOPERACIÓN PARA LA PROMOCIÓN DE LA CIENCIA Y TECNOLOGÍA NUCLEARES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

El primer laboratorio en América Latina y el Caribe capaz de detectar ciguatoxinas en organismos marinos entró recientemente en pleno funcionamiento en Cuba, como resultado de una estrecha cooperación entre el OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) y la contraparte local, en el marco del Proyecto de Cooperación Técnica RLA/7/022. Las ciguatoxinas son responsables de la principal intoxicación no bacteriana, debido al consumo de organismos marinos. Estas sustancias provocan decenas de miles de casos de intoxicación por ciguatera cada año. . El nuevo laboratorio también proporcionará servicios analíticos a otros países de la región.

Para abordar esta problemática, el OIEA ha estado desarrollando capacidad para su monitoreo en la región mediante el uso de técnicas nucleares e isotópicas.

“Las toxinas de la ciguatera han sido un problema importante en América Latina y el Caribe durante años, y ahora nos hemos convertido en el primer laboratorio en la región capaz de monitorear las toxinas de la ciguatera en organismos marinos de consumo, mediante el uso de técnicas nucleares”, dijo el Dr Carlos Alonso-Hernández. Subdirector Científico del Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos (CEAC). “Con nuestra capacitación en técnicas nucleares, podemos contribuir a fortalecer programas de seguridad de los alimentos provenientes del mar que son cruciales para la salud y el bienestar de nuestra región, sin mencionar la economía”. Las ciguatoxinas son una de las tantas biotoxinas naturales asociadas con la proliferación de algas nocivas (HAB- Harmful Algal Bloom). Las algas microscópicas, que se encuentran en la base de la cadena alimentaria marina, proporcionan una fuente vital de nutrientes para los organismos marinos y producen más de la mitad del oxígeno de la tierra. Sin embargo, factores como la surgencia de algas costeras o el escurrimiento agrícola pueden aumentar los niveles de nutrientes en el agua y causar la proliferación de algas, que en algunos casos producen biotoxinas como la ciguatoxina. Cada año, los HAB, también conocidos como mareas rojas, son responsables de decenas de miles de incidentes de envenenamiento en todo el mundo debido al consumo de mariscos contaminados. Los síntomas pueden incluir vómitos, diarrea, mareos o, en casos extremos, incluso la muerte, así como problemas respiratorios debido a la inhalación de aerosoles tóxicos. Las técnicas nucleares pueden identificar rápidamente las biotoxinas en los productos del mar y en el medio ambiente y señalar estos brotes con mayor precisión que otros métodos. Con este fin, los investigadores del OIEA han capacitado a científicos en cerca de 40 países, incluido Cuba, en el uso de una herramienta nuclear clave, el ensayo de unión al receptor de radioligando (RBA). Según Alonso-Hernández, la ruta trazada por los científicos cubanos marcará un impacto incluso más allá de su país, desde la asistencia en adquisiciones hasta la capacitación en técnicas de muestreo para controlar la presencia de especies de algas tóxicas y la preparación de muestras. El Laboratorio en Cuba ahora está en pleno funcionamiento para detectar ciguatoxinas en muestras recibidas de otros laboratorios en América Latina y el Caribe. El camino hacia el éxito refleja las aplicaciones de RBA para otras biotoxinas en El Salvador, Marruecos, Omán, Filipinas y Túnez. La técnica se basa en la interacción específica entre las toxinas y el receptor al que se unen, en la que una toxina radiomarcada compite por un número limitado de sitios de unión al receptor con la toxina en la muestra que se analiza, lo que permite la cuantificación de la toxicidad de la muestra. El OIEA también ha desarrollado otros métodos analíticos para medir las biotoxinas y estudiar cómo son absorbidos por los organismos marinos y transferidos a la cadena alimentaria. “Los brotes de HAB que producen ciguatoxinas solían estar limitados a las regiones tropicales y subtropicales, pero están surgiendo nuevas regiones endémicas, sumado a que la expansión del comercio internacional de productos del mar está extendiendo los riesgos de contaminación de los mariscos”, dijo Marie-Yasmine Dechraoui Bottein, investigadora científica en los laboratorios ambientales del OIEA en Mónaco. De hecho, el problema de los HAB es de creciente importancia mundial, especialmente porque su aumento se ha relacionado con el cambio climático. El OIEA está trabajando en una estrategia interinstitucional para abordar las ciguatoxinas mediante un enfoque multidisciplinario, junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (COI-UNESCO). El trabajo de los Laboratorios de Medio Ambiente del OIEA en Cuba es parte de un proyecto de cooperación técnica más amplio en el Caribe cuyo principal objetivo es fortalecer el monitoreo y la respuesta regional en ambientes marinos y costeros sostenibles.

Por: Tanmay Misra, IAEA Department of Nuclear Sciences and Applications

Nota original publicada en: https://www.iaea.org/newscenter/news/laboratory-in-cuba-first-in-region-with-capacity-to-detect-key-biotoxin-thanks-to-nuclear-techniques